¡Paz y Bien!

Santa María, que aguardaste, unida a la comunidad que te dio tu Hijo, la venida del Espíritu, el cumplimiento de la promesa, recibe el homenaje de quienes esperan anhelantes un nuevo Pentecostés en sus vidas.
¡Ven, Señora, a nuestra espera! No permitas que pase sin pena ni gloria el próximo Pentecostés, que anhelamos sea definitivo.
El mundo, la Iglesia, tu Hijo, necesitan corazones transformados, convertidos en llamas de amor y fortaleza.
¡Ven! iÚnete a nuestra oración!
¡Dinos cómo hemos de abrir el corazón para que el milagro se produzca!
Madre, por tu Corazón inflamado de amor, acrecienta nuestro amor a tu Hijo. Señora, por tu Corazón, llama y horno de caridad, intercede para que seamos transformados en amor y servicio a todos.

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